Las emociones somos nosotros. No podemos separarnos de ellas. Tampoco evitarlas. Pero sí podemos manejarlas. Estas habilidades se aprenden, comenzando por el reconocimiento de su existencia. La consciencia de ellas es el primer e inevitable paso para una correcta gestión de las mismas. Están ahí y son producto de nuestra historia vital, tanto de aprendizaje, como cultural o social.

El segundo escalón de este proceso lo constituye, la identificación adecuada de las mismas. Aunque parezca algo evidente, no es tan sencillo. Saber porque estamos molestos, alegres, tristes o enfadados ante algo en particular, es una tarea que exige autoconocimiento y disciplina. Si no lo hacemos, serán nuestras emociones las que nos controlen a nosotros y no al contrario.

Y en estos tiempos, las emociones han permeado en las redes sociales. A menudo vemos como personas, aparentemente equilibradas, escriben auténticas barbaridades en ellas. O como nosotros, por la interpretación de un comentario que leemos, inmediatamente reaccionamos y escribimos una respuesta airada, lo que genera de manera inmediata, que nuestras emociones se disparen

Esto ocurre porque creemos que lo que alguien escribe en redes sociales va dirigido a nosotros. Aunque esto puede ser así en algunas ocasiones, dependiendo de nuestra notoriedad, fama o exposición pública, la mayoría de las veces son interpretaciones personales a las que nosotros dotamos de intención, porque social y culturalmente les hemos otorgado una gran fuerza rectora.

Aunque muchos negamos haber dado ese poder a las redes sociales, la exasperación a la que llegamos hombres y mujeres, por algo que encontraron en ellas, suele ser exagerada, convirtiéndonos en personajes de un mal sueño, como si estuviéramos dando manotazos al aire y alguien decidiese poner su cara en la trayectoria los golpes.

Si aplicamos este sencillo principio en redes sociales y, en cierta medida, en muchos ámbitos de nuestra vida, seremos conscientes de cómo en realidad, somos nosotros quienes dotamos de entidad a determinadas situaciones, empujados por un momento emocional mal gestionado.

La próxima vez que estén frente a un comentario que no les guste en Twitter, Facebook, Instagram, Linkedin o, incluso Whatsapp, obsequien a quién lo hace con su indiferencia. Verán que, a medida que pasa el tiempo, esto les hará inmensamente más felices.